Te veo palabras

Te veo palabras

viernes, 26 de diciembre de 2014

(Sin título por el momento)


https://www.youtube.com/watch?v=K-KSG75pLc0


"...time

there’s no time tonight

Wide
there’s no room to see wide
Time
There’s no time tonight." 

(Time tonight - J. Frusciante)



La noche esperaba expectante el gesto que me llevaría clavado como una foto al dejar colgando de tu boca mi último beso del año. 
Te olí un poco la piel, miré el color indefinido de tus ojos y mi espontaneidad infantil te regaló una última sensación en palabras.
El espacio entre los dos, cada vez mayor, nos calmaban los impulsos y nos regalaban un puñadito de verdades que nos resonarían en el oído hasta vaya a saber cuándo.
La imaginación, las posibilidades y ese juego de uno con uno mismo que siempre existió y bien lo entendimos, por aquel día no supimos gritarlo. 
Así fue que se desanudaron nuestros cuerpos.

***

Hoy estoy acá, te pienso y escribo.  

Miro a mi alrededor y te encuentro 
porque estás un poco en todos lados.
Estás por ahí, en el libro 
que no me animé a regalarte,
en la canción que pensé para alguna noche
junto alguna estrella testigo.
Te miro y te siento 
en el camino que elijo para cambiar
el mundo y donde 
me escabullo para buscar algunas verdades.

Estoy por ver una película que te comentaré 
en silencio porque en realidad no estás
y ponerme triste no sirve para estas horas.
Son las 17.01hs. y quiero verte.
Tengo un ventilador en frente
que me vuela un poco los pelos
y también las ideas 
- y por vez primera creo que me hace bien -.
Y si por esas casualidades, en las que no creés 
ni un poco, me cae una lágrima
decidiré festejarla
porque volví a sentir cariño
como a la paleta de colores con la que te caminé 
la cabeza. 

En este preciso momento,
en esta habitación donde 
me peleo un poco
debo decirte también,
que sentí miedo,
temor de quererte,
porque sí, te quiero
y te quiero compañero y amigo.
Y se hace raro porque vos viste que hoy 
no se quiere libre ni sano
y es frustrante.

Pero en fin, 
tuve miedo/ me sentí contenta/ 
me choqué con la tristeza./
Nos acrecentamos los estados, 
y fabricamos un camino 
hecho de palabras, 
un poco de filosofía 
y humanidad,
y si costó un poco fue porque
todo estaba muy rígido, 
un poco fuera de sí.
Pero miremos hacia atrás, 
las bellezas eran otras, los motivos 
eran otros. El mundo gira un poquitito
diferente ahora, de eso estoy segura y 
me pone contenta. 

Te veo fluido y liviano 
y me hace feliz. 
Celebro este final 
que a la vez es un principio.
Y sin matar hormigas, me despido de estos 
versos sin poesía deseando seguir encontrándote
en el café, en la Literatura, en algún cigarrillo 
fumigado de soledades o 
simplemente en alguna historia
de esas que nos gustaría contar,
con una sonrisa de payasito pintada
en la cara, 
ya siendo viejitos 
y apreciándonos diferentes. 



viernes, 19 de diciembre de 2014

A mis contradicciones

"La vida nos devuelve a la unidad básica de su sentido: 
nuestra condición/ 
nuestra razón/ 
mi intespestiva intensidad,                                      l a  n u e s t ra-.

 El ego se apodera de nuestros escondites más puros 
y no hay lamento que valga,
con una lágrima borrosa,
una sonrisa planetaria
y -la tuya y mía- narices rojas, 
comenzamos esta batalla"



Las agujas de algún reloj 
me recorren el cuerpo 
con el tic tac mal arreglado de
un compás/tiempo lleno de atajos y curvas                          [sin explicaciones] 

Depuramos al silencio, 
nos deshacemos de 
toda necesidad humana, 
inservible para los sueños del día.

Escalofríos, movimientos,
una mano, y este dibujo en la tierra
bautizado por mi materialidad
hecha idea.

Convicciones arrastradas por alguna
lagrima, que hoy es ola,
vuelve a la orilla 
de mis conmociones más absurdas.

Y siempre vos, un resumen
caluroso de perfumes 
dulces que me enseñan 
a tocarte sin sentirte.                                                              [y yo aprieto los ojos]

Perplejidades, complejidades,
batallas sin armaduras
en cuerpos desnudos
que se pelean el alma.

Una cabeza agotada de
canciones imaginarias
tarareadas por algún vago
recuerdo no bienvenido                                                         [hasta quizá f i c t i c i o]

Y un buen paseo que me presenta
nuevos árboles dónde podré leer un libro
                                                           sin miedo                    [leer-te]
y un río que dormirá a la Luna ( y a mi).

La oscuridad pasará inadvertida
y los elásticos suicidas nos
dejarán miles de estrellas en
sobrecitos de lecciones.

La esperanza dejará de ser
un anhelo disciplinador 
para cuando nos encontremos;
y, esta vez, Gea jugará sin payasitos tristes.

***

Cuánto mundo hay en cada 
palabra, cuánto de vos
hay en mis discursos,
por inverso, por revés.

Siempre decimos estar cerca
y seguimos recurriendo a los trazos (a mano alzada) 
para evitar mirar más allá/  del piolín 
que sostiene al cielo y a nuestro impulso 
                                                                                                [-impulso- de sentirnos racionales y vivir en lucha]                          

lunes, 8 de diciembre de 2014

Un no-olvido cargado de banalidades


"Ojalá seamos libres. 
Ojalá nuestras cabezas sean libres. 
Ojalá las Flores del Mal nos acompañen  
en las veladas/ y Polaris siga fija, 
vibrante.
- la veo, la puedo ver 
asomar por el techo 
de mi nueva vida.-"

Hoy bajan algunas nubes a estropearme las horas, horas que le alquilé a una joven reflexión que deambulaba con ignorancia a mi lado.

Y vos como si "nada" te me desprendés del baúl y despacito te parás como quien revive sin sorpresa/ después de haber encontrado algunas flores de Baudelaire en el camino de vuelta. Flores malsanas que nos alimentan el amor y la tristeza.

Intentando predecir a Polaris me paso las noches (aunque te cuento que es inútil), el escorpión se come todos los deseos que creímos haber guardado en el cielo./ Ya no hay escondite alguno.

Me entero que en esta materialidad absurda ya no somos nosotros/ y ahora sólo escuchamos como gritan endiabladas las penas (no miro desde cerca)./ Y ando sola, creyendo encontrarte en cada esquina. Buscando la respuesta a esta maldita sensación de saberte oscuro, quieto y olvidado.

¿Cuántas veces hablamos del Universo? ¿Cuántas veces nos sentimos minúsculos bajo la sábana del Cosmos? ¿Cuántas veces nos deleitamos con las claves de oro que le robábamos a la naturaleza?

Todo es inmensurable, pero no importa porque allí estuvimos, entrando por la ventana/ en el colosal de ideas que nos prometieron una fórmula nueva y nos dejaron clavados (en nuestras mentes).

Y en esos momentos, recuerdo: lo emotivo, la locura, el amor. ¡Qué increíble! 

Solías advertirme y agarrar mi cabeza con fuerza/ y besarla. Ahora entiendo. ¿Cuánto puede costarte la culpa, de sentirte una pieza de otro juego, de sentirte fuera? Bien podría responderte con ingenuas palabras que se desvanecerían en el laberinto de tus dudas que, como siempre,  luego serían las mías. Esta vez lo evito.

(Sigo mirándome en Venus. Pensándote en Marte. Encontrándote en un anillo de la dimensión once.)

Y la distancia y el tiempo al que relativizamos, siguiendo algunas leyes, hoy nos desprecia, por inexpertos, inexpertos infieles. Nos quedamos sin explicaciones./ Ya tu mano no tapa el hueco que las teorías, plasmadas en el ambiente cálido de nuestra cama, han dejado en la historia de nuestros conceptos. "Bien nuestros"

Se termina. El Cristal de la copa se ha roto, y todo vos y todo yo./ No somos más que la ceniza sofocada al refregar un cigarrillo dentro de una latita de comida enlatada/ que no representa nada/ porque ahora todo es así/ b a n a l - t r i v i a l

                                                                   como verte después de tres meses.
                                                                                                                     (mentirosos)

jueves, 27 de noviembre de 2014

Dialéctica de la historia y un juego


https://www.youtube.com/watch?v=BrL6mfVQyJw


"...nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura, ataque y defensa, de pelota y pared..."

Julio Cortázar

Porque todo afuera era extraño, o quizá nuevo. Los libros ya empolvados nos revoloteaban la silla, la mesa y nos reíamos. El café nos regalaba una sonrisa medio blanca, medio morena. Y los cigarrillos, el mejor ensueño escenario. Sí, como en un teatro, sin despegarnos del papel ya definido por la vida. Por momentos, algunas proyecciones que no tenían lugar en la historia se acercaban y nos hacían un monólogo que escuchábamos atentamente con la esperanza de encontrar algunos futuros (por mínimos que sean). Lo recuerdo todo porque creo haberte clavado las pupilas y tomar algunas fotos. Muy por lo bajo se oían algunas notas que me traían a la cabeza a Dinah con un debate interminable. Debo admitir que recuerdo nuestros primeros fundamentos, un poco engominados pero bien sinceros y tengo que aceptar que hoy me dan gracia (y hasta ternura), los acaricio, los converso y reflexiono a la luz de la lámpara que me acompaña por la noche.
No puedo negarte que fue un placer, y digo placer porque pienso que existen periodos en que detenemos la vida y revolcados con el silencio nos paralizamos todo, y eso es peligroso y me da un poco de miedo. Me gusta sorprender a mis más conocidos huecos racionales que por momentos no lo son tanto. Disfruto del sentirme en la vuelta de la calesita donde la tentación de soltarte es tan seductora como el desafío enorme de seguir disfrutando del aire en la cara y destrozarnos, porque eso pasaría.
Pero sin vueltas, así creo que llevamos nuestro paso por el mundo (al menos, así lo pienso hoy en este cuerpo especie sediento de humanidad), acercándonos, alejándonos, extrañándonos de todo lo que pueda conmovernos. Y por eso, escribo  y te escribo, y por eso suelo encontrarte en diversos cuadros que algún artista callejero pintó mirándonos época - porque aunque no nos guste, eso somos- entendiéndonos como un breve lapso de tiempo que responde a. Y yo que  escribo por lo mismo, porque miro a mi alrededor y las veredas de la ciudad hoy son la niña que juega a la pelota, el tipo cansado de la oficina, el payaso y el artista que desobedecen el fascista código de convivencia, el ideal (posible) de la Revolución, la injusticia, la clase media, la policía, las prostitutas, la burocracia, la centroizquierda a la que apoyás, la intelectualidad burguesa, lxs locxs, el tango, el vino, la anciana que cobra dos pesos de jubilación, los contratos sociales, los amorosos, la monogamia, la soledad, la muerte, la vida, la historia, los abortos, las cárceles, la literatura,las protestas, las relaciones de poder, el sexo, el arte, las categorías, la filosofía, el café, el whisky, los libros, la música, el cine, las reuniones, las personas,  las instituciones, la violencia, la Iglesia, las villas, los burgueses, la moral, mi odio, mi amor, mi existencia. Y sí, somos hijxs de la historia, de cada idea, interpretada, aprehendida, hijxs de la estructura que nos condiciona, aunque también de la búsqueda incesante de humanidad y libertad. Y no mires con esa cara, no te desentiendas, tenemos un poco de todo esto. Somos cuadro y representación; son literatura para mi libreta. Somos, aunque sean segundos, minutos o simples horas. Y hoy quedarnos sentados no fue casual porque tomamos una decisión.

Me pregunto: ¿Cuántas veces nos oímos? Espero que varias como para decidir que pueden pasar algunos años para que nos reencontremos (en el medio de todo lo que definí mundo), y ya no te busque con la forma (deforme) ideal para mi vacío, ni me busques perdiéndome para poder entenderte, porque sabemos que eso no es bueno. Y no creo que lo comprendamos hoy, aunque las palabras traicioneras lo cantaran de antemano. No importa, las ansiedades no me sirven (y sé que las expectativas tampoco), por eso te propongo sacudirnos un poco los prejuicios, los preconceptos y refundarnos en otra idea.


¿Has sentido alguna vez que las palabras no son suficientes? ¿Has sentido que los argumentos se te desarman, se suicidan, saltan del precipicio de tu cabeza, de tus ideas? ¿Has pensado en aquellas situaciones? ¿Le has dado importancia? ¿Has pensado cómo sería hablar con los sentimientos? Yo creo que de eso se trata y lo he descubierto tarde. Allí empieza el juego, desafiando a nuestro cuerpo, a nuestras palabras, a nuestra razón; empieza el juego cuando comenzamos a desnudarnos y a vivir esos momentos que yo sólo puedo pasarlos con la libertad de mis sentidos ampliados, explotados; disfrutando con la ayuda del calor y el delicado y suave frío, la rareza que la llamada luz de mi cabeza representa. Suenan todos las notas, todas sus variables y la filosofía se envuelve en sábanas. Todo se convierte en nube, en una nube de inciensos con olor a frutas dulces. Y nos damos cuenta que existen otros mundos, partes del mismo mundo, fractales de colores que brillan en el techo y en los cuerpos que deciden hablarse, con sus cinco sentidos tirando por la ventana las contradicciones que hoy se respetan pero absuelven de condena. Y las bocas se llenan de saliva, deseo y silencios. Y el juego no termina aún/ ahora somos nosotrxs lxs que debemos intentar fugarnos como brisa por la ventana/ en complicidad/ siendo libres./ No existe otra forma.

martes, 18 de noviembre de 2014

El absurdo y un libro


Puede parecer absurdo/ que bajo el azulado de este Sábado por la tarde/ te encuentre en un libro/ porque todo vos aparece en las mañanas cálidas y hoy se te confundieron los colores./ Te converso con enigmas.  

Y no me basta con preguntarte cuántas vueltas debo darle a esta habitación para encontrar la puerta/ porque vos ya lo sabés/ sabés que mi cabeza se hunde en esas palabras/ y se me desgarra toda./ Sin embargo, las paredes quedan quietas y herméticas/ entonces pasa lo previsto: comienza a llorarme la bronca.

Prefiero las dudas/ son buenas amigas/ un poco obsesivas/ y no me importa/ porque si el ambiente se vuelve denso/ me escucho un disco de los Peppers y la cotidianidad me cambia un poco. 

Me agrada tararear y silbar un ritmo que bien sé, te causaría risa/ porque no soportarías mi desafine/ y me darías pena y dejaría de hacerlo/ y lo dejaría de hacer sin culpa porque te quiero y me gustan tus ojos cuando compartimos algo/ lo prefiero/ sea lo que sea.

Mis planteos son simples/ y cuando te leo, te los discuto./ El amor nos golpea todos los días y lo envolvemos en papel de regalo/ le ponemos un moño y una tarjeta de exclusividad/ y no sirve porque quiero/ los, te, nos/ día 1 de existencia/ día -1 antes de apagar el cielo/ ayer, hoy y mañana. 

Nos disfrutamos la diferencia/ y nos dialogamos el deseo./ Quizá hasta nos inventamos una historia que encubriste y que yo (a causa de lo que sea) represento en la película de mi cabeza porque siento que de eso se trata/ de quitarte un pedacito y guardarlo/ bien guardado/ y cuando pueda sacarlo y mimarlo y esconderlo y vivir sabiendo que está ahí en un recoveco de mi libro (donde te leo).

La calle y la puerta se han abierto/ y puede que deje de seguirte las líneas/ ni te dialogue/ ni el deseo/ ni las diferencias (como me canta el viejo lindo de Benedetti). 

Es posible que me encuentre alguna mañana ordenando el bolso y te devuelva la hoja (que fue mi pedacito)/ y que, bien sabía, nunca me perteneció/ tu cuerpo/ ni tus idea/ ni tus muletillas, ni tus errores de ortografía con el que te burlabas de algunos escritores LeParquianos. 

Ya no me queda más que abandonarte en el medio de esta ciudad que luce rígida y que deseo extrañar desde otro sucucho/ deseo sentirme esa bolita de la que siempre hablamos pero que bien confundimos con capullos/ quiero rodar y sentirme niña de nuevo/ y parar y escribir y seguir rodando hasta que me pique todo el cuerpo. 

No te preocupes porque estaré bien/ fijate que tus sentidos me tienen de frente/ eso es bueno/ siento como me aman y siento y sientes como los amo./ Confío en nuestras mentes/ buenas anfitrionas/ que acomodarán a nuestro público/ preguntas por todos lados. 

Mientras me preparo/ te preparo un papelito doblado muchas veces/ que te tiraré por la ventanilla cuando me despida y vos despistado pongas tu cara de siempre/ la del enojo torpe/ y muestres los dientes con los que, a menudo, me arrancás la rareza y me devolvés fresca con olor a frutilla. 

Agarrándote el sombrerito, desde la puerta de atrás/ te repito que: siempre./ Y así tiene que ser porque ese papelito blanco tiene todo vos y yo/ en un reciente comienzo que bautizamos hoy con Almendra y un almanaque viejo/ y un café en el que nos dejamos el sueño y ya casi termina/                                         y como toda síntesis/ también comienza.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Escapando de tu circuito


“El día que la mujer pueda amar con su fuerza y no con su debilidad, no para huir de sí misma sino para encontrarse, no para renunciar sino para afirmarse… entonces el amor será una fuente de vida y no un mortal peligro”.

Simone de Beauvoir




De tu circuito

si quiero hoy me libro, 
y me voy de tus manos
desafiando al espacio
desconocido que las envuelve.

Si quiero hoy me libro
y no escribo más mi vida
en tu vida.
                                             - Porque me aprendo sin tiempo. -

Si quiero hoy me libro
de aquel universo 
pintado sobre piedra
y me dibujo uno invisible
(y lo lleno de pájaros y de mi)

Porque si quiero 
puedo dejarte desnudo 
y manosearte el alma,
ensuciarte, 
y engañarte con besos 
de princesa que no existen más allá de vos
(y tu imaginación y tu deseo)

Y si quiero, 
puedo.

Y puedo porque
ayer
me entendí existencia y
me escapé de tu sombra. 

Soy un siendo,
                          el producto y
el resultado de tus años, 
                         del decorativo pañuelo
con el que desviabas mis palabras,
el lúcido bozal de mi boca.

Soy el resultado incógnito
naciente del circuito 
con cuchillos 
al que llamaste hogar.

De donde te fugas
- al ver la copa vacía -
tatuado con la derrota
                        (incomprensible)
de haber perdido, 
                        (tus títeres)
de haber cobrado la lectura
                        (sangrienta) 
de una historia y una mente
a punto de morir 
en los brazos de 
esta bruja que te mira
a lo lejos,
y ahora, 

al fin, s o n r í e  l i b r e.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Algunas mentiras encantadoras

Para un nuevo amigo... 

Meterme por los laberintos fantásticos de tu cabeza puede ser algo más complejo que besarte la boca y olerte sin cuidado el espíritu/ respirarlo y exhalarlo como quién intenta envolverse los ojos y perderse unos minutos en la plaza principal de alguna conciencia/ que ahora es "una" y es la tuya. 


Puedo robarte algunas caminatas volviendo del trabajo/ mientras/ vos me robás el disco que no puse hoy por escuchar esa canción que tanto te gusta. 

Podemos inventarnos historias que terminen en grandes amistades o en héroes y heroínas de algún otro planeta/ pero lamiendo la mentira seductora de dos mentes que se fugan para hacerse de todo sin excepcionar el amor. 

Y no es un problema porque nos mentimos y lo sabemos/ Porque te encanto porque soy mentira y viceversa/ Y aunque nuestro encuentro sea como de esas casualidades empaquetadas de los cuentos (sin explicaciones)/ no dejamos de ser la fábula errada de dos escorpiones. 


Porque al fin de cuentas ¿Qué hacemos sino pincharnos la duda?


Me gusta tu sabor dulce/ y lo elijo porque así somos a veces/ incomprensibles amigos de las curiosidades/ heredadas del maravilloso mundo incierto/ heredadas de que te voy comiendo un poco la cabeza/ y vos vas mordisqueando un poquitito la mía/ también la pierna (porque estás un poco loco).  


Y aunque me cansé de decirte que mi pelo enrollado en tu dedo no era un buen plan/ me dejaste entrar en tus ojos y sacarle una foto a las escenas dramáticas de nuestras vidas/ ¿Vos viste?/ La cuestión no cambió mucho/ ni cambia atropelladamente como los discursos y pensamientos que Oliveira regalaba a La Maga/ y eso me deja contenta (y no tanto). 


Y como los Domingos/ me importa comino y medio las formalidades/ Mis idas y vueltas/ Pero ser un poco libre se trata de eso/ ¿no?/ como bailarla a Ella con sus reveces y esas cosas/ cuidando no apagar las lucecitas del fondo que nos prohíben atarnos la mente/ porque hay que crecer y hacer la revolución (socialista o en pequeños actos) pero hacerla/ sino observá a tu alrededor/ t o c a l o / allá por las mañanas en aquella calle vestida de traje.


Insisto/ la vida se trata de eso y otro miles de cielos más/ ¡Mirá como corren nuestras cabezas!/ (más la mía que la tuya porque aún creés en cosas que no entiendo, quizá porque aún soy una niña que piensa en chupetines)./ Nuestras cabezas buscan perderse de vista/ y como buenas rebeldes  le temen a las pupilas enardecidas de nuestros ojos/ tus ojos./ Y acobachadas van escapando de mi cartera y tu bolso/ y se ríen porque mientras yo me preocupo, ellas se besan con la molestia de sus contradicciones y no se ponen ni un cachito incómodas.


Ahora están de acá para allá/ y vos y yo nos resignamos/  y charlamos un poco mientras ellas se van a la vueltita a tomarse un café/ donde hablan del arcoiris que no existe en la tierra/ porque en realidad este mundo, tristemente, hoy está en blanco y negro/ y vos aún, no te das cuenta.


-Es una cuestión de tiempo- 

martes, 4 de noviembre de 2014

Tango, vino y una pregunta


Yo no sé cómo se dio que al sacar las manos de mis bolsillos se me escaparon estas mentiras/ desesperadas como si hubiesen estado por meses haciendo presión contra mis nudillos que les tapaba la puerta/ o sus bocas. 

Hoy entiendo su venganza/ que me hace caminar por la fina línea de mi mundo y el vacío./ Se me otorgan créditos para mirar al revés una historia sin guión/ pero como todo hoy, me importa poco. 

Mis conclusiones me absorben los ojos, los oídos y las manos./ Estoy metida en los líos de mis adentros./ jugando a los dados creo desenredarme entera.

Los sueños están afectados/ los sueños me pasan factura/  me balancean la tristeza./ Y yo agacho la cabeza. 

Por acá, en las calles, la monotonía ya se ha comido mis letras./ Estoy harta. 

Y miro la mesa/ cómplice de nuestros cuerpos desnudos./ El vino comienza una performance que  te sostiene la mano en la copa/ y mientras,  su boca acaricia tu saliva o la mía, da igual.

La existencia nos batió a duelo y nos hizo viajar por otros lugares/ Me reduje al pensamiento inicial de aquel momento/ Abril/ me desvanecí un rato observando las vueltas del disco./ Escuchando un tango sin voz/ sin vos. 

Los tangos me advertían./ Pero vos viste como es la cosa/ insistimos en resolver horas caducas/ armamos palabras de otros diccionarios/ armamos palabras con números/ tiempo, mis tiempos, tus tiempos/  construyendo una nada que luce conmovedora. 

Acaricio al odio/ amable amigo de tu ausencia/ y del reloj que cuelga en la pared deforme de este cubo./ ¿El Ser?/ me robó varios pensamientos/ mientras te regalaba fotografías que acompañabas con ese cigarrillo que se te consumía en un costado de la boca.

Todo volvía a su lugar. 

Sacrificada está mi soledad./ Encuentro desigualdad hasta en la medida del whisky que decido tomar en la noche fatal de un bar/ para olvidarme un poco de las calles abandonadas/ que nos dramatizan la figura de nuestra sombra.   

Mi amor es complejo/ y está atascado en esta esfera./ Huye


jueves, 16 de octubre de 2014

Un poco rota


Sería bueno verte aparecer por la ventana como se aparecen algunos pajaritos por la mañana/ sin pedir permiso y haciendo bulla./ Sería lindo que me sorprendieras porque esta vez tenés el pelo azul y te gusta. 

Y que para ese momento esté puesto el disco de nuestra banda favorita./ Y que no hablemos/ y que en un beso caigamos a la cama que fue nuestra por las noches y hoy no es de nadie/ porque la abandonamos en medio de aquel Invierno./ Qué incoherencia.

Me gustaría que tomemos el café robado por el tiempo/ y hablemos sobre cine, sobre Chaplín o la poesía/ y me gustaría hacerlo porque recuerdo nuestros oídos sordos y nuestras palabras mudas./ Me arrepiento un poco. 

Aveces creo encontrarte bajo otras formas, otros conceptos/ no te veo./ Mi alrededor/ ellos, son solo cáscaras que se caen al acercar la lupa./ Todo está medio raro, sólo puedo tocarte en las pequeñas cosas que yo siento gigantes por acá dentro.

Y si nos cruzáramos en el descampado de esa guitarra quizá se me caería una lágrima./ O en alguna teoría que trates de explicarme con dibujitos sobre papel. 

Por acá no hay nada que me sacie tanto. Todo es un poco banal, los chistes me causan enojo y los enojos me llenan de risa.

La Primavera me regala perfumes que no se penetran en mi ropa porque estoy hermetizada./ La gente se esfuerza por agradar y las flores por pintar paisajes ya caducos imposibles de encuadrar. 

Nuevamente el caos y el orden, dos reglas y normas de mis elementos/ se fusionan y ponen pausa.

Y como a algunos deseos, los guardaré bajo el colchón desgastado/ porque hoy estoy un poco rota./ Estoy pausada.  





sábado, 11 de octubre de 2014

Bailar es revolcarse


Algunas poesías enredadas 
se me despiertan 
por la noche y comienzan 
a hablarme al oído. 
Y por cada suspiro un bocado 
de palabras se me esconde 
en modo de burla
Me desagotan 
el sueño. 
Mientras escucho esta cancioncita 
de jazz donde el saxofón 
comienza sin permiso 
su lucha contra mi resistencia (quietud).

Se me desvanecen algunas defensas. 
Y me encuentro parada/ bailando/ moviendo el cuerpo 
al compás de sus respiraciones./
Separo mis brazos/ separo mis piernas y mi cintura./
Mi cuerpo es un todo libre y separado. 
                                                                         Todo está bien lindo acá. 
Y son ahora aquellas palabras dirección de cualquier pasaje/
manejan cada movimiento. 
Bailo,           bailo               y bailo/ sin prejuicio./ 
Bailo suplicando ser libre/ quizá siéndolo un poquito. 
Y me observo en la historia 
de cada lucecita 
curiosa/ no puedo mirarlos a todos. 
Me adueño de mi cuerpo, de mis deseos/ 
y eso ya se me hace mucho/
Busco/ me busco.

Y siento caricias que no existen y sonrío./
Y el placer me toca un poco de Swing a un lado./ 
Y mis secretos cambian de lugar/
t o d o  se desacomoda 
un poco./ 
Y se forman romances sin destino/
efímeros/
saboreados como al helado de arándanos.
Invento.

Me fugo con el viento/ estoy envuelta 
en el clima insólito de alguna letra 
disfrazada./
Voy-y-vuelvo./ 
Me revuelco con la dialéctica de mi vida./ 
Sin que se apaguen las luces/ 
sin que se acabe el movimiento./ 
No dejo de manosear la textura de la música/      
                                                                         l a s  p a l a b r a s  t á c i t a s/ aún vivas./
Me espero, me corro/
me alejo, me acerco/ y siempre vuelvo,              a mi/                                                             
Me refugio en esta síntesis de yo y yo.- 

martes, 7 de octubre de 2014

Deshilachada

Para Marina, una gran amiga.


¿Quién iba a imaginarnos vivas?/ ¿Cuánto tiempo esperamos sentadas en esta ventana?/ ¿Cuánto tiempo esperamos a que se nos arrimara alguna brisa de aire a erizarnos un poquito los pelitos del brazo?

Ya sabemos cómo es esto/ nos pasamos una vida enumerando los males que nos produce tenernos cerca y nos olvidamos de besarnos bajo la lluvia/                    que caía para nosotras allá afuera./ Y no frenamos el ritmo inútil de nuestros castores ansiosos./ Y se nos pasan algunas  noches/ y desperdiciamos el jardín tironeándonos palabras, y no saludamos a la Luna que aquella vez estaba más brillante y sonriente que de costumbre.

Dejamos correr el orgullo entre nuestras caricias/ nos apartábamos del placer para sólo generar figuras exóticas en esa f a l s a  cama inocente.

Me gritabas en silencio, y me llorabas por dentro, lo sé./ Y lo sé porque una vez haciendo uso de tu mañas, entré por la tubería de algodón a la que me censurabas el paso/ lo descubrí todo. 

¿Pero qué puedo decirte?/ ¿Vos viste como está todo en el mundo?/ La gente se ama y se odia, quiere correr y camina/ aunque el clac clac tortuoso de sus pasos acompañen el silencio de todas sus noches/ ¿Ya ves? La gente camina desinteresada,                          sin norte                 ni sur/ bien líquida, medio vacía. 

Y nosotras hacemos malabares con el tiempo generando circos que sólo existen para la idea que se nos cuela en el espacio de la ausencia/ Nos sentimos enlatadas, contradictorias, por momentos atrapadas.

Imaginate cómo está todo/ yo te escribo un par de versos y me desagoto los golpes/ estos de acá dentro/ Y no hago nada más que eso, porque en realidad sigo fija a la silla en la que me encuentro perdiéndote./ Se ve triste ver como te pierdo, como caés al suelo en hilachas/ Y yo acá, deshilachada

Y así son las cosas/ así son los mambos de un mundo dado vueltas/ marcado por el absurdo pasaje de los deseos fragmentados, las morales tan pesadas como cruces, y la culpa en posición de maestra alcoholizada.

Nos escupimos con amor desgraciado./ Nos estrujamos los sesos y como buenas artistas intentamos hacer una obra de arte que gane el primer premio en romances, con romanticismos pero sin cursilería./ 

Elogiamos el deseo y el placer que creemos tener y no existe, porque lo nuestro se fue por la calle de al lado sin previo aviso ni nada.

Y te me describís grosera y te me presento sensible/ ¡¿Cómo nos mentimos?!/ Son patrañas, todo es una patraña./ Bien sabemos que la cosa es más simple. 

Te me desordenás a cada minuto/ Y yo acudo a alzarte en partecitas que se me desvanecen en la mano./ Me desespero mucho.


*


Hoy te siento en el bolsillo./ Quizá te sople por la ventana y la tristeza me regale un cuadro amablemente/ o quizá le arranque los ojos al cielo e intente entendernos un poquito más esta mañana. 




martes, 16 de septiembre de 2014

De fantasías y recuerdos locos



"..de todos modos para vos no es novedad
que el mundo

y yo

te queremos de veras

pero yo siempre un poquito

 más que el mundo..."

M. Benedetti





Y hoy me di cuenta que te metías y mezclabas entre los humos de mi cabeza como lo hacía la música esa  que escuchábamos en los días de lluvia./ Tonight, tonight de los Smashing Pumpkins. 


Han pasado algunas mañanas/ algunos días/ algunas noches/ de sexo/ de melancolía/ de ansiedades/ de nervios/ de enojo/ de discusiones./ Y quiero contarlo todo, gritarlo todo/ Me sienta bien escribirte a vos y al Universo. 


Me enternecían nuestros momentos/ no hablábamos de amor pero lo construíamos/ recuerdo las fotos/ los cuadros de comodidades coloridas.


Recuerdo que a veces mirábamos las nubes y les buscamos formas/ cantábamos a capella y todo nos parecía armónico/ y cruzaban los pájaros y le silbamos un buen viaje/ y pasaba una viejita medio loca y me corría una lágrima.


Podíamos tomar helado y sentirnos niños/ y luego sentirnos grandes y desearnos/ y podíamos también derretirnos en el chocolate con frutilla que te saboreaba la lengua/ aunque lo pensaras al revés y yo no dijera nada/ y podía también fijarme como sin mundo, en la manchita que te quedó en ese costado de la boca, y darte un beso con sabor a todo/ a viento, a lluvia, a nube, a cielo.


También podíamos inventarnos escaleras que bien sabíamos, no subiríamos/ e inventar algún otro idioma que no hablaríamos porque nos endulzábamos en silencios./ Ahora pienso recordando alguna peli de Viernes por la noche: todo el momento son muchos minutos/ todos los momentitos son sólo un tiempo.


No entendíamos mucho pero sabíamos de cosquillas, mimos y esas cosas que en el diccionario no salen bien explicadas.

Y hasta podíamos aburrirnos/ y podíamos dejarnos solos en el banco de alguna plaza/ de alguna otra provincia/ pero también podíamos arrugarnos y comenzar a leernos, imitando a los viejitos de la fuente./ Bien supimos no enamorarnos.

Y pensando en el otro día, espero que recuerdes el final del poema que te leí/ yo sé que eran palabrerías ruborizadas, pero de eso se trataba/ cada letra te contenía un poquito y me contenía también/ si no, por qué veo todo tan verde, tan azul, tan rosa y hasta violeta?/ Y cuando camino de vuelta me tropiezo con laberintos, torres, un tablero especulador, quizá un verso gris o un sol de Otoño./

Aún me sabes  al chupetín que nos pintaba la lengua, la saliva, la piel,  hasta los besos.

Ojalá entiendas que vivís en mi desorden/ que me cuidan tus secretos disfrazados, esos que alguna vez me dejaste bajo del florero (que adornaba la mesa)/ Y me pone feliz la biblioteca y el cofrecito y hasta la flor fucsia que cuido más que a nada, a la que aún le sobreviven brazos y manos/ su olor a vida.

Y ya ves? Vuelvo al desorden que no era tan lindo cuando teníamos que sentarnos/ pero no importa, mi lindo./ Te dije que me siento bien, acaricio aquellas horas mientras me columpio en la hamaca que nunca tuvimos juntos pero que fabrico por las noches.

Las sonrisas saltan locas por acá / y me gustaría saber si juegan al ring-raje por allá?/ Porque hoy el conejo blanco me vino a buscar y lo mandé para otro lado/ nos veo todavía risueños./ Aún no estamos listos./ Y digo esto en silencio porque aún escucho las carcajadas de aquellas niñas que nos miraban desde el cordón de la acequia.

Pero no me importa/ hoy me levanto y quiero/ aunque quiera por partecitas en el mundo fantástico del todo/ y aunque sea todo fantástico-fantasías, lo siento real por adentro./ Y en realidad eso es lo que quería que supieras/ aunque un montón de cosas más se quedaron guardadas en el último cajón de la mesita de luz y no puedo negociarlas.

En fin, mi lindito/ ¡mirá esto!/ estoy llenando las letras, y mis palabras y mi cabeza/ y como ves, te quiero con mis fantasías y recuerdos locos./ El mundo, y yo, y vos./ Y todo esto me alegra. 


miércoles, 10 de septiembre de 2014

Entre lluvia y marihuana

-Sin terminar-

Para mis lindxs amigxs, Ernst y Flora...



Yo recuerdo aquella tarde, de la ropa pegada al cuerpo como nuestras cabezas al sueño. Podríamos decir que la ropa gozaba de la combinación infantil pero exacta de los colores-contrastes claroscuros. Esa tarde todo el ambiente estaba así. Fue una tarde lluviosa, o más bien una tarde en la que del cielo caían gotas en patotas. Esas gotas bien sabían desparramarse por todos los rincones de la casa; se pintaban los cajones viejos y chuecos, el adorno navideño ya olvidado en la puerta, el lampazo y hasta el porta llaves que nunca usábamos. Nos divertíamos. Nos sentía como si fuésemos un libro para colorear, de esos que te venían con el diario de las noticias los Domingos.
- Dale, no me mientas estoy segura que llorabas escandalosamente para que te lo compraran.-
Y pienso lo bueno que es el recuerdo, de hecho, me opongo fervientemente a la estupidez de pensar que existe el olvido, como si esa palabra no fuese uno de los  tantos agentes distractores del corazón humano (porque ni siquiera lo es de la mente o quizá ni me importa). 
Por ejemplo, yo no olvido tu jeans, y soy feliz de no hacerlo. Ese llamado blue jeans con el que hacíamos apología al tema adolescente que, los cuatro, habíamos tenido el enorme placer de escuchar por repetidas horas años atrás. En fin, recuerdo tu jeans, tu blue jeans rajado en las rodillas como intentando llamar la atención para contarnos sus historias de aventuras infantiles. 
Y así se daba, la canción comenzaba a sonar, no sé en qué momento ni cómo pero hasta las luces estaban apagadas (al igual que nuestras mentes) y la música sonaba con un instrumento nuevo (el de la gota o las miles de gotas que golpeaban en el envase de cerveza que vaciamos la noche anterior en la terraza). ¡Qué noche patas pa'rriba! ¿Y vos?, sentado fumándote el humo del cigarrillo al que no piteabas y deseando prenderte el porro que tu nuevo personaje compró en la plaza; aunque tenías una pipa (lo recordaste justo antes de encender la punta) y como es de saberse, cambiaste los planes. Optaste por desarmar aquel grueso armado (y cambiar la táctica), envuelto en papel saborizado con insecticida, dejando libre esa mezcla rara que nos convidaba del olor más rico al que la celosa lluvia intentaba acoplarse. 
La lluvia, comenzaba a caer cada vez más fuerte -nunca lo dije pero recuerdo haber pensado en la posibilidad de que nos haya escuchado hablar de su pérdida de sentido, ya no era ella el centro de todo, habíamos encontrado otro-, en ese momento, dejamos ser libre a la "poción" mágica con las que los punkys escuchan a The Ramones en la Independencia. Comenzaba a sonar Poison Heart y nos volvimos nostálgicos  y sonrientes (como los ancianos ex tangueros que escuchan a Gardel y en el afán de bailar un poco sonríen y dejan que se empañen los vidrios de sus lentes). Todo se volvía divertido. Debo admitir que era gracioso verte en el medio de un ritual para materialistas, concentrado en fumar de la forma más correcta (según los aficionados en el tema), cosa de no desperdiciar ni un minuto el vuelo que bien podíamos imaginarlo como en aviones de papel, por supuesto, fantásticos, pero como siempre te decía: un poco real, un poco inventado. 
Me reía, me reía de vos, de tus ojos, los  más brillosos y extasiados que el resto de pares que te observaban y te disfrutaban/mos. Recuerdo perfectamente el momentos en que la invitabas a subir, sí, a ella, a la poción mágica, no entendiendo que la cosa era al revés. Y era fascinante el momento en que sacabas la pipa del bolsillo de la mochila (que por cierto hoy no existe) por lo menos entre tus cosas, las mías, las de ella o la de Marain. Fumabas, porque eras buscador de postales, como Flora, que luego de verte desfallecer en el placer del porro paraguayo (que se consumía directamente en tus pulmones), te pedía una sequita, sequita que era mentira porque lo chupeteaba como quien toma mate. Todo era gracioso, verte a vos, a ella, verlos pelear, tironear el flash que no existía y que creían agarrar. Me daba cuenta que los quería, y no es una especie de bautismo esto que escribo, simplemente que  la melancolía que me producen los días grises como aquel, me inauguran sensibilidades cada vez más cursis.


https://www.youtube.com/watch?v=dtJ1Abepy7w

viernes, 5 de septiembre de 2014

De Pedro, del padre, el hijo y los amurallados



A veces pienso en los ojos rígidos
del muchacho de la esquina.
Por momentos, siento como si fuese en mi rostro
que caía ese cansado sudor mezclado con las saladas lágrimas
que le empapaban el cuerpo, que le envolvían el cuello,
gotas que eran el consuelo del pan ausente en la mesa que compartía con sus hijos.

A veces, me quedaba observando su piel enharinada de polvo,
desde los primeros cantos penosos de los pajaros que posaban en aquel viejo árbol
hasta la salida de los grillos y su orquesta que acompañaba el caer del sol.

Una jornada autónoma le explicaba
a la desesperanza de su hijo, el mayor,
las tareas de la vida.
Le contaba que los caminos se impusieron así,
que levantaron paredes y vueltas asemejadas a la eternidad,
que hicieron nacer desde el centro caminos que llegaban al alma
y no mostraban la luz; no la mostraban,
sólo los gestos y muecas disimulados de esperanzas tramposas.

Y vivían, o pasaban la vida,
daba lo mismo el verbo,
clavados en sus historias...

El padre, hombre de talle recesivo
por 20, 30, 40, 50, 60 años de trabajo,
cada vez estaba más encorvado;
el hijo por 20 o 30 años de trabajo se encontraba completando casilleros,
ya ni contando el tiempo reversible pero lineal que le estrujaba
sus ásperas articulaciones.

Y el tiempo se volvía crucial por la noche,
su cielo, amado en las horas que corrían después de la cena;
o la noche, su odio encarnizado al resto de las horas del día
donde el sol alumbraba sólo al hombre que comía sentado
mientras observaba las gotas aunadas,
las de ellos, que caían y a sus oídos hacían vibrar
la melodía que se formaba entre el ruido-silencio,
tortuoso de la fatiga.

Pero se vivía, eso creían al menos,
acostumbrados al grito
como un nudo de alambres en la garganta...

Hasta que llegó un día, el día en que aquel hombre encorvado
y el nuevo compañero de la cal y la piedra,
levantaron más que arte en ladrillos...

Dicen que fue aquel otro muchacho
el de la otra cuadra, el iluminado y escuálido Pedro,
el preocupante hombre de la figura plana,
fina y plana,
que comenzó a sacudir los enharinados ojos de ese padre y
dicho hijo.
Fue él, fueron sus chasquidos de dedos al hablar como con señas
de humo sin humo que dio vuelta la escena...

Y así se fueron transformando,
perdiendo el uso monocromático casi eterno de las imágenes.
Las noches cambiaron su rumbo,
las paredes libres, límites de su nuevo sucucho
oscuro pero fresco,
acumularon innumerables manos, manos como el pico y la pala de las horas del día,
manos que serían el motivo de incontables sonrisas,
de profundas alegrías.

Lograron sacar más de una palabra de sus bocas,
lograron sacudirse el polvo, desanudar los alambres,
hacerle frente a los caminos impuestos,
acumular fuerzas que luego depositarían en una cajita
que explotaba como sorpresa con cada injusticia acometida contra el padre,
el hijo, Pedro, o el de la vuelta, o incluso los amurallados de cuatro cuadras hacia el norte.
ya casi al final del barrio.

Y era increíble verlos juntos,
haciendo temblar al pueblo, aquel pequeño pueblito de Entre Ríos,
atando sus fuerzas a ese pico y a esa pala por tantos años herramientas odiadas,
pero que por aquellas épocas,
nuevos pájaros de vuelo alto,
bautizaron como sus herramientas de combate.



Mis deseos silenciados



Sometiendo los pensamientos a la procesión 
de silencios a la que me obligan...
Como si mi cuerpo no gritara 
por mis ojos.

*

Y se me inscribe el deseo en las manos,
las que aprieto con disimulo
para no levantar perdices.

- pero nunca tan fuerte, si se daña ya de nada serviría.-

El deseo: el mío, el tuyo, el de todos o tan sólo el nuestro,
revolotea por toda la plaza,
juega con tus sentidos y con los míos,
juega a la ruleta y
se topa en cada giro con el desafío azaroso
que nosotros acallamos

Tus estampitas se vuelven figuritas de hologramas,
y tenemos a un Jesús rockero,
a la virgen en una protesta de amores enfermos.
Y lo llamamos con vergüenza,
y el nos da vuelta la cara,
y -agarrado de la mano del capricho-
lo observamos deslizarse por el margen estrecho
del tobogán (siniestro) de las locuras.
Y nos mira,
nos señala,
y se nos ríe.

No sé si serán los otros,
aquellos humanos,
que apoyados en alguna otra valla invisible
nos hacen la guardia moral
dejando huir
a más de una estrella fugaz vacía.
Y es una pena, porque cuando el día está gris,
cuando el color del cielo
goza del indefinido,
la vemos,
vemos la hipocresía
donde nos vemos sumergidos
triunfa por sobre los corazones,
los nuestros corazones
-que aunque duerman
sobre la sábana empapada de llantos carentes de explicaciones-
corren ahorcados bajo disfraces de monja romana,
muerta enamorada.

Y se me vienen las escandalizadas e insoportables ganas
de expresarme con los brazos, con mi boca,
con mis ojos, pero por sobre todo
con MIS palabras.
Enfatizando el MIS porque no recuerdo ya cuánto tiempo
ha pasado de aquel día en el que olvidé
mi alma en un asiento de desierto,
de esos que usamos como psicólogos
de equivocados impulsos.

Y todo yo se extasía al pensar que mis verdades
podrían flotar en el viento,
y sentirme más libre
y más yo y más música...
Pero como en los cuentos de bosques prohibidos,
la luz que atraviesa me duele.
Esa luz nacida en el requiem de mi deseo encubierto...

Y se me pasa la vida,
se NOS pasa la vida,
amarrados entre nosotros
con el piolín como el silencio forzoso
que prende a tu inquieto y al mío.

Y volvemos a los humanos, y su moral y sus bocas
que sacuden ideales absurdos,
clases protocolares;
bocas de lenguas enardecidas de entretenimientos
que nos enganchan el cuello,
nos paralizan los sueños.

Yo sé que te conté alguna vez de mis lastimosas fantasías,
de mi incompleta historia de cuentos
de princesas sin corona.
Yo sé que te discutí alguna vez
sobre los filos de la infidelidad
que compramos en el confesionario a menos de 2 pesos.
Pero no hubo caso a nada, decidimos sellar el sol con las manos,
y caminar con los cordones de las zapatillas
atadas por algún chiquillo al que llamamos demonio,
aunque aún sensibilizados por la fricción de la piel
en la que nos fundimos como miel en una taza de té caliente.
Pero es en vano, el placer ya no existe.

Escribimos una historia
y borramos el lápiz con el que nos dibujamos irreales/reales
mientras entendíamos,
a duros golpes,
que la hipocresía era eso,
ese malestar como la piedrita en el zapato,
o como la planta que crecía entre las grietas
de los corazones que latían desbordados de ansiedades
-hasta de cansancio-
a veces con amores correspondidos,
o a veces simplemente con deseos silenciados.
(que bien nos tentaban,
en la noche de Mendoza)