Meterme por los laberintos fantásticos de tu cabeza puede ser algo más complejo que besarte la boca y olerte sin cuidado el espíritu/ respirarlo y exhalarlo como quién intenta envolverse los ojos y perderse unos minutos en la plaza principal de alguna conciencia/ que ahora es "una" y es la tuya.
Puedo robarte algunas caminatas volviendo del trabajo/ mientras/ vos me robás el disco que no puse hoy por escuchar esa canción que tanto te gusta.
Y no es un problema porque nos mentimos y lo sabemos/ Porque te encanto porque soy mentira y viceversa/ Y aunque nuestro encuentro sea como de esas casualidades empaquetadas de los cuentos (sin explicaciones)/ no dejamos de ser la fábula errada de dos escorpiones.
Porque al fin de cuentas ¿Qué hacemos sino pincharnos la duda?
Me gusta tu sabor dulce/ y lo elijo porque así somos a veces/ incomprensibles amigos de las curiosidades/ heredadas del maravilloso mundo incierto/ heredadas de que te voy comiendo un poco la cabeza/ y vos vas mordisqueando un poquitito la mía/ también la pierna (porque estás un poco loco).
Y aunque me cansé de decirte que mi pelo enrollado en tu dedo no era un buen plan/ me dejaste entrar en tus ojos y sacarle una foto a las escenas dramáticas de nuestras vidas/ ¿Vos viste?/ La cuestión no cambió mucho/ ni cambia atropelladamente como los discursos y pensamientos que Oliveira regalaba a La Maga/ y eso me deja contenta (y no tanto).
Y como los Domingos/ me importa comino y medio las formalidades/ Mis idas y vueltas/ Pero ser un poco libre se trata de eso/ ¿no?/ como bailarla a Ella con sus reveces y esas cosas/ cuidando no apagar las lucecitas del fondo que nos prohíben atarnos la mente/ porque hay que crecer y hacer la revolución (socialista o en pequeños actos) pero hacerla/ sino observá a tu alrededor/ t o c a l o / allá por las mañanas en aquella calle vestida de traje.
Insisto/ la vida se trata de eso y otro miles de cielos más/ ¡Mirá como corren nuestras cabezas!/ (más la mía que la tuya porque aún creés en cosas que no entiendo, quizá porque aún soy una niña que piensa en chupetines)./ Nuestras cabezas buscan perderse de vista/ y como buenas rebeldes le temen a las pupilas enardecidas de nuestros ojos/ tus ojos./ Y acobachadas van escapando de mi cartera y tu bolso/ y se ríen porque mientras yo me preocupo, ellas se besan con la molestia de sus contradicciones y no se ponen ni un cachito incómodas.
Ahora están de acá para allá/ y vos y yo nos resignamos/ y charlamos un poco mientras ellas se van a la vueltita a tomarse un café/ donde hablan del arcoiris que no existe en la tierra/ porque en realidad este mundo, tristemente, hoy está en blanco y negro/ y vos aún, no te das cuenta.
-Es una cuestión de tiempo-
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