Te veo palabras

Te veo palabras

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Entre lluvia y marihuana

-Sin terminar-

Para mis lindxs amigxs, Ernst y Flora...



Yo recuerdo aquella tarde, de la ropa pegada al cuerpo como nuestras cabezas al sueño. Podríamos decir que la ropa gozaba de la combinación infantil pero exacta de los colores-contrastes claroscuros. Esa tarde todo el ambiente estaba así. Fue una tarde lluviosa, o más bien una tarde en la que del cielo caían gotas en patotas. Esas gotas bien sabían desparramarse por todos los rincones de la casa; se pintaban los cajones viejos y chuecos, el adorno navideño ya olvidado en la puerta, el lampazo y hasta el porta llaves que nunca usábamos. Nos divertíamos. Nos sentía como si fuésemos un libro para colorear, de esos que te venían con el diario de las noticias los Domingos.
- Dale, no me mientas estoy segura que llorabas escandalosamente para que te lo compraran.-
Y pienso lo bueno que es el recuerdo, de hecho, me opongo fervientemente a la estupidez de pensar que existe el olvido, como si esa palabra no fuese uno de los  tantos agentes distractores del corazón humano (porque ni siquiera lo es de la mente o quizá ni me importa). 
Por ejemplo, yo no olvido tu jeans, y soy feliz de no hacerlo. Ese llamado blue jeans con el que hacíamos apología al tema adolescente que, los cuatro, habíamos tenido el enorme placer de escuchar por repetidas horas años atrás. En fin, recuerdo tu jeans, tu blue jeans rajado en las rodillas como intentando llamar la atención para contarnos sus historias de aventuras infantiles. 
Y así se daba, la canción comenzaba a sonar, no sé en qué momento ni cómo pero hasta las luces estaban apagadas (al igual que nuestras mentes) y la música sonaba con un instrumento nuevo (el de la gota o las miles de gotas que golpeaban en el envase de cerveza que vaciamos la noche anterior en la terraza). ¡Qué noche patas pa'rriba! ¿Y vos?, sentado fumándote el humo del cigarrillo al que no piteabas y deseando prenderte el porro que tu nuevo personaje compró en la plaza; aunque tenías una pipa (lo recordaste justo antes de encender la punta) y como es de saberse, cambiaste los planes. Optaste por desarmar aquel grueso armado (y cambiar la táctica), envuelto en papel saborizado con insecticida, dejando libre esa mezcla rara que nos convidaba del olor más rico al que la celosa lluvia intentaba acoplarse. 
La lluvia, comenzaba a caer cada vez más fuerte -nunca lo dije pero recuerdo haber pensado en la posibilidad de que nos haya escuchado hablar de su pérdida de sentido, ya no era ella el centro de todo, habíamos encontrado otro-, en ese momento, dejamos ser libre a la "poción" mágica con las que los punkys escuchan a The Ramones en la Independencia. Comenzaba a sonar Poison Heart y nos volvimos nostálgicos  y sonrientes (como los ancianos ex tangueros que escuchan a Gardel y en el afán de bailar un poco sonríen y dejan que se empañen los vidrios de sus lentes). Todo se volvía divertido. Debo admitir que era gracioso verte en el medio de un ritual para materialistas, concentrado en fumar de la forma más correcta (según los aficionados en el tema), cosa de no desperdiciar ni un minuto el vuelo que bien podíamos imaginarlo como en aviones de papel, por supuesto, fantásticos, pero como siempre te decía: un poco real, un poco inventado. 
Me reía, me reía de vos, de tus ojos, los  más brillosos y extasiados que el resto de pares que te observaban y te disfrutaban/mos. Recuerdo perfectamente el momentos en que la invitabas a subir, sí, a ella, a la poción mágica, no entendiendo que la cosa era al revés. Y era fascinante el momento en que sacabas la pipa del bolsillo de la mochila (que por cierto hoy no existe) por lo menos entre tus cosas, las mías, las de ella o la de Marain. Fumabas, porque eras buscador de postales, como Flora, que luego de verte desfallecer en el placer del porro paraguayo (que se consumía directamente en tus pulmones), te pedía una sequita, sequita que era mentira porque lo chupeteaba como quien toma mate. Todo era gracioso, verte a vos, a ella, verlos pelear, tironear el flash que no existía y que creían agarrar. Me daba cuenta que los quería, y no es una especie de bautismo esto que escribo, simplemente que  la melancolía que me producen los días grises como aquel, me inauguran sensibilidades cada vez más cursis.


https://www.youtube.com/watch?v=dtJ1Abepy7w

No hay comentarios:

Publicar un comentario