Te veo palabras
martes, 18 de noviembre de 2014
El absurdo y un libro
Puede parecer absurdo/ que bajo el azulado de este Sábado por la tarde/ te encuentre en un libro/ porque todo vos aparece en las mañanas cálidas y hoy se te confundieron los colores./ Te converso con enigmas.
Y no me basta con preguntarte cuántas vueltas debo darle a esta habitación para encontrar la puerta/ porque vos ya lo sabés/ sabés que mi cabeza se hunde en esas palabras/ y se me desgarra toda./ Sin embargo, las paredes quedan quietas y herméticas/ entonces pasa lo previsto: comienza a llorarme la bronca.
Prefiero las dudas/ son buenas amigas/ un poco obsesivas/ y no me importa/ porque si el ambiente se vuelve denso/ me escucho un disco de los Peppers y la cotidianidad me cambia un poco.
Me agrada tararear y silbar un ritmo que bien sé, te causaría risa/ porque no soportarías mi desafine/ y me darías pena y dejaría de hacerlo/ y lo dejaría de hacer sin culpa porque te quiero y me gustan tus ojos cuando compartimos algo/ lo prefiero/ sea lo que sea.
Mis planteos son simples/ y cuando te leo, te los discuto./ El amor nos golpea todos los días y lo envolvemos en papel de regalo/ le ponemos un moño y una tarjeta de exclusividad/ y no sirve porque quiero/ los, te, nos/ día 1 de existencia/ día -1 antes de apagar el cielo/ ayer, hoy y mañana.
Nos disfrutamos la diferencia/ y nos dialogamos el deseo./ Quizá hasta nos inventamos una historia que encubriste y que yo (a causa de lo que sea) represento en la película de mi cabeza porque siento que de eso se trata/ de quitarte un pedacito y guardarlo/ bien guardado/ y cuando pueda sacarlo y mimarlo y esconderlo y vivir sabiendo que está ahí en un recoveco de mi libro (donde te leo).
La calle y la puerta se han abierto/ y puede que deje de seguirte las líneas/ ni te dialogue/ ni el deseo/ ni las diferencias (como me canta el viejo lindo de Benedetti).
Es posible que me encuentre alguna mañana ordenando el bolso y te devuelva la hoja (que fue mi pedacito)/ y que, bien sabía, nunca me perteneció/ tu cuerpo/ ni tus idea/ ni tus muletillas, ni tus errores de ortografía con el que te burlabas de algunos escritores LeParquianos.
Ya no me queda más que abandonarte en el medio de esta ciudad que luce rígida y que deseo extrañar desde otro sucucho/ deseo sentirme esa bolita de la que siempre hablamos pero que bien confundimos con capullos/ quiero rodar y sentirme niña de nuevo/ y parar y escribir y seguir rodando hasta que me pique todo el cuerpo.
No te preocupes porque estaré bien/ fijate que tus sentidos me tienen de frente/ eso es bueno/ siento como me aman y siento y sientes como los amo./ Confío en nuestras mentes/ buenas anfitrionas/ que acomodarán a nuestro público/ preguntas por todos lados.
Mientras me preparo/ te preparo un papelito doblado muchas veces/ que te tiraré por la ventanilla cuando me despida y vos despistado pongas tu cara de siempre/ la del enojo torpe/ y muestres los dientes con los que, a menudo, me arrancás la rareza y me devolvés fresca con olor a frutilla.
Agarrándote el sombrerito, desde la puerta de atrás/ te repito que: siempre./ Y así tiene que ser porque ese papelito blanco tiene todo vos y yo/ en un reciente comienzo que bautizamos hoy con Almendra y un almanaque viejo/ y un café en el que nos dejamos el sueño y ya casi termina/ y como toda síntesis/ también comienza.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario