Te veo palabras

Te veo palabras

viernes, 5 de septiembre de 2014

Mis deseos silenciados



Sometiendo los pensamientos a la procesión 
de silencios a la que me obligan...
Como si mi cuerpo no gritara 
por mis ojos.

*

Y se me inscribe el deseo en las manos,
las que aprieto con disimulo
para no levantar perdices.

- pero nunca tan fuerte, si se daña ya de nada serviría.-

El deseo: el mío, el tuyo, el de todos o tan sólo el nuestro,
revolotea por toda la plaza,
juega con tus sentidos y con los míos,
juega a la ruleta y
se topa en cada giro con el desafío azaroso
que nosotros acallamos

Tus estampitas se vuelven figuritas de hologramas,
y tenemos a un Jesús rockero,
a la virgen en una protesta de amores enfermos.
Y lo llamamos con vergüenza,
y el nos da vuelta la cara,
y -agarrado de la mano del capricho-
lo observamos deslizarse por el margen estrecho
del tobogán (siniestro) de las locuras.
Y nos mira,
nos señala,
y se nos ríe.

No sé si serán los otros,
aquellos humanos,
que apoyados en alguna otra valla invisible
nos hacen la guardia moral
dejando huir
a más de una estrella fugaz vacía.
Y es una pena, porque cuando el día está gris,
cuando el color del cielo
goza del indefinido,
la vemos,
vemos la hipocresía
donde nos vemos sumergidos
triunfa por sobre los corazones,
los nuestros corazones
-que aunque duerman
sobre la sábana empapada de llantos carentes de explicaciones-
corren ahorcados bajo disfraces de monja romana,
muerta enamorada.

Y se me vienen las escandalizadas e insoportables ganas
de expresarme con los brazos, con mi boca,
con mis ojos, pero por sobre todo
con MIS palabras.
Enfatizando el MIS porque no recuerdo ya cuánto tiempo
ha pasado de aquel día en el que olvidé
mi alma en un asiento de desierto,
de esos que usamos como psicólogos
de equivocados impulsos.

Y todo yo se extasía al pensar que mis verdades
podrían flotar en el viento,
y sentirme más libre
y más yo y más música...
Pero como en los cuentos de bosques prohibidos,
la luz que atraviesa me duele.
Esa luz nacida en el requiem de mi deseo encubierto...

Y se me pasa la vida,
se NOS pasa la vida,
amarrados entre nosotros
con el piolín como el silencio forzoso
que prende a tu inquieto y al mío.

Y volvemos a los humanos, y su moral y sus bocas
que sacuden ideales absurdos,
clases protocolares;
bocas de lenguas enardecidas de entretenimientos
que nos enganchan el cuello,
nos paralizan los sueños.

Yo sé que te conté alguna vez de mis lastimosas fantasías,
de mi incompleta historia de cuentos
de princesas sin corona.
Yo sé que te discutí alguna vez
sobre los filos de la infidelidad
que compramos en el confesionario a menos de 2 pesos.
Pero no hubo caso a nada, decidimos sellar el sol con las manos,
y caminar con los cordones de las zapatillas
atadas por algún chiquillo al que llamamos demonio,
aunque aún sensibilizados por la fricción de la piel
en la que nos fundimos como miel en una taza de té caliente.
Pero es en vano, el placer ya no existe.

Escribimos una historia
y borramos el lápiz con el que nos dibujamos irreales/reales
mientras entendíamos,
a duros golpes,
que la hipocresía era eso,
ese malestar como la piedrita en el zapato,
o como la planta que crecía entre las grietas
de los corazones que latían desbordados de ansiedades
-hasta de cansancio-
a veces con amores correspondidos,
o a veces simplemente con deseos silenciados.
(que bien nos tentaban,
en la noche de Mendoza)

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