Te veo palabras
martes, 6 de enero de 2015
Hablamos de encuentros y otras calles
Una vez más estoy acá, intentando escribirle algunas palabras a un público que ya no encuentro ni por abajo de la mesa, ni en las calles de este barrio que por estas horas está demasiado silencioso.
Estoy fumando un cigarrillo y pensando. Lo concreto hoy es que estoy acá y fue difícil escribirlo sin que me tiritasen los dedos o se me salieran algunas lágrimas por las manos.
Me encuentro, en los muchos caminos que aparentan ser sólo uno; me encuentro un poco en la canción de Spinetta que escucho, en la sonrisa de un estado de ánimo un poco censurado, y también en las callecitas de una nueva ciudad repleta de soledades, personas y amores que se buscan/ y se encuentran y no.
Vi una película que me conmocionó hasta los huesos, escucho algunas melodías y sigo eligiendo esta especie de papel del s. XXI para dejar caer mis pestañas. Podría comenzar a hacer listas como en estos días pero las estructuras hoy me sientan mal. Me escapo un poco mirando las cosas que me rodean, miro a Juana y la pienso con hijos, miro esta silla que aunque vacía me revuelve un poco la calma./ Y prefiero y deseo./ Continúo medio recostada con un ventilador en la cara porque es Enero y aún estoy en Mendoza y me dan ganas de hablar sola o ser invisible y volar. También de entrometerme en historias porque amo las historias y las amo como amo caminar y toparme con esas cabecitas blancas que se esconden detrás del diario oficial de la provincia pero pispean un poco la vida empañada que transcurre en las mañanas, allá por Peatonal y San Martín.
Aún tengo algunos miedos, temor de encontrarte naufragando por entre las puertas pintorescas de Buenos Aires y que me invites a entrar en el bandoneón que tocás, y tomemos una copa de vino o quizá dos y para ese entonces ya no nos importe nada, porque eso quisimos siempre y sólo callamos.
También tengo ansias de lucir anónima al caminarte la espalda, y gritarte al oído las injusticias que le sirven en la mesa a los trabajadores del ajo o a los pibitos de alguna plaza que no podría recordar ni el nombre. Quiero poder chuparte las inhumanas costumbres y regalarte una tonada que canta mi vieja con su humilde guitarra, cargada de notas, que como buen arte buscan ese "qué se yo" que tanto nos falta en el mundo.
Quiero fumarme un pucho con vos, perdernos en las formas del humo que se esfuma, casi como nosotros por aquel entonces (no sé si te acordarás de aquellos momentos medio fugaces)
Entregarse a una vida de poesías es una propuesta seductora, como darte unos cuantos besos imposibles, pero aún así creo que el no-tiempo hoy me baraja otros cuentos y me dejo fundir en esa idea.
*
Ya me siento lista, ya empaqué algunas dudas, algunos caprichos; las paletas y el café; algunos amores, las sonrisas de mis amigxs y hasta el compromiso con el que dibujo los sueños por las noches. Ya me siento lista para ofrecer una tregua.
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